Sara de la Torre Aragón | 22 de Marzo de 2010
Tras 13 meses en la presidencia, el pasado domingo 21 de marzo, Barack Obama logro por fin evolucionar en la política interior de su país al lograr tras un desquiciado debate la reforma sanitaria. Obama, de esta manera inyectó aire de nuevo en su presidencia y podía al fin presumir de una reforma «no radical pero sí trascendente»; cambio al fin y al cabo.
Ha logrado Obama lo que intentaron sin éxito otros antes: extender la sanidad, aunque sea en buena parte alimentando un sistema de seguros privados, al 95% de la población no jubilada. Y aunque el mismo domingo poco antes de la medianoche habló «no de una victoria política sino para el pueblo», recuperó ideales demócratas que han estado en letargo.
En el camino hacia su primer gran triunfo, posiblemente el mayor que vaya a tener como presidente, Obama ha tenido que dejar aparcada otra de las ideas con las que llegó a Washington: alterar las costumbres que en los últimos años han ido abriendo una brecha cada vez más profunda entre demócratas y republicanos y convertirse en el primer presidente pospartidista. Es más, la reforma sanitaria ha confirmado una división más profunda que nunca, una polarización política y social ya visible en los ocho años de mandato de George Bush hijo, pero nunca tan evidente como ahora.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados